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A una nariz

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M uchos de nuestros lectores ya conocen el famoso soneto  A una nariz , con el que Francisco de Quevedo se burló de la amplia nariz de Góngora, su gran adversario poético. Lo que pocos saben es que junto con el destrato a Góngora, Quevedo compuso un segundo soneto con el mismo título, dirigido a su apreciado Marqués de Ogian, amigo y profesor de la Orden de Padua, a quien el gran poeta del Siglo de Oro le atribuía el don de la intuición y la capacidad de leer el alma de las personas.  Esta semana los invitamos a disfrutar de esta poco conocida obra del gran bardo español:  A una nariz Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, que aunque en tamaño no sea excesiva sí posee un olfato despiadado.  Érase un can que husmea lo velado, hocicando las almas abusivas. Sensor de humo y de falsas narrativas, es una alarma contra el desalmado.  Catador de consciencias infinito, glándula olfativa pura y sincera, de la intuición es él un erudito. Sexto se...